El derecho a vivir en paz©

por | Sep 16, 2026 | 6 Comentarios

«La libertad es la tranquilidad de espíritu que proviene de la opinión que cada uno tiene de su seguridad».
(Montesquieu, Del espíritu de las leyes)

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Anoche, viendo imágenes de Ceuta, pensaba en las vidas que quedan detrás de cada noticia. En quienes quieren llevar a sus hijos al colegio, abrir su comercio, recibir atención médica o salir a pasear. Personas que no deberían tener que reclamar algo tan elemental como disponer de sus días sin miedo. Se me encogía el alma pensando en cuánto puede perder una población mientras quienes deben protegerla administran explicaciones.

Les han robado el verano y mucho más, pero la pérdida continúa. Alcanza sus encuentros, sus espacios de esparcimiento, la confianza con la que emprendían una jornada cualquiera. Un niño necesita tranquilidad para aprender y socializar; un enfermo, una atención eficaz; una familia, seguridad para salir de casa. Cuando esas y otras condiciones dejan de estar garantizadas, la libertad empieza a menguar. Sigue escrita en las leyes, pero cuesta ejercerla en la calle. Las noticias sobre los desperfectos, las condiciones insalubres y la inseguridad denunciados en los colegios dan una dimensión concreta a esa inquietud. La advertencia del presidente del Colegio de Médicos, Enrique Roviralta, sobre el riesgo de colapso sanitario añade otra responsabilidad que nadie con un mínimo de decencia debería eludir. Estas y otras muchas son denuncias que exigen comprobación, respuestas y sobre todo, medidas urgentes. Hay que escuchar a los profesionales que conocen el deterioro de los servicios y a los ciudadanos que sufren sus consecuencias, antes de que sus advertencias se conviertan en daños irreparables.

Y en mitad de este caos absoluto, comparece el ministro del Interior y habla de «sensación de inseguridad subjetiva». Qué facilidad y qué barbaridad para adjetivar el miedo ajeno desde un cargo protegido y muy bien pagado. Quisiera saber qué consuelo encuentra en esa expresión quien cambia sus recorridos, teme por sus hijos o renuncia a salir y vivir. Las consecuencias de ese miedo son bien concretas y demostrables. Quien muestra semejante desvergüenza al hablar del miedo ciudadano tiene la obligación de garantizar seguridad y explicar cómo va a recuperarla. Sus palabras merecen una censura severa por el desprecio que transmiten hacia quienes reclaman protección.

Por otra parte, JUCIL, asociación profesional de la Guardia Civil, califica lo sucedido de «invasión orquestada» y denuncia el abandono por parte del Gobierno de ciudadanos y agentes. Ante una acusación de esa gravedad, el Gobierno tiene que responder con hechos y explicaciones contrastables, como “casi” todo el mundo le está reclamando. La solidaridad con el pueblo ceutí exige defender su derecho a vivir en paz, respaldar a quienes trabajan para protegerlo y reclamar responsabilidades por cada decisión que agrava su desamparo.

Por todo lo anterior, la persistencia de una respuesta tan insuficiente como preocupante suscita preguntas incómodas. ¿Es incapacidad? ¿Es una decisión de dejar pasar? ¿Existen compromisos que desconocemos? No tengo pruebas para afirmar una intención oculta, aunque sí sospechas, lo que si tengo son motivos para exigir explicaciones públicas, porque quien gobierna debe rendir cuentas también de lo que omite.

Mi indignación nace de pensar en esos ciudadanos y en el tiempo y los momentos que nadie podrá devolverles. Desprecio la suficiencia con la que se reduce su angustia a una percepción mientras se les pide paciencia y resignación. Ceuta necesita protección, medios y una respuesta a la altura de lo que está viviendo. Sus ciudadanos son españoles como tú y como yo, con el mismo derecho a exigir que el Estado los proteja. Cada día de demora les arrebata algo más de sus vidas. El Gobierno deberá responder por ello.

Un Ceutí más, un español más.

Juan A. Pellicer

Sursum Corda (Arriba los corazones)

Septiembre 26

6 Comentarios

  1. Clara Patricia Cano C

    Juan Antonio, es una dolorosa realidad la que planteas, a propósito reflexioné y escribí al respecto:

    Frente a la lacerante realidad que atraviesa el pueblo de Ceuta, observo con enojo cómo la distancia entre el escritorio oficial y el lugar atribulado se convierte en un abismo de indiferencia. La respuesta del Estado ante el dolor ciudadano —reducir el miedo a una abstracción verbal, a un mero espejismo subjetivo— no es un hecho aislado ni una anomalía territorial; es la misma gramática del desdén que reconocemos en tantos rincones de Latinoamérica y del mundo; hoy Colombia está pasando por ese momento, aunque por circunstancias diferentes, pero la actitud y acción del gobierno parece desconocer el dolor ajeno.
    Existe una constante práctica en el poder contemporáneo: Minimizar la angustia de su gente mientras se adorna con publicidad la gestión insuficiente; se celebran como grandes proezas las intervenciones nimias, los anuncios adornados y masivos y las explicaciones sin sentido de los burócratas, mientras los problemas de fondo como el deterioro de los servicios esenciales, la inseguridad y el deterioro de la paz anhelada siguen — continúan tragando la vida de las familias; entonces, cuando el o los que ejercen el poder se limita a evadir el fondo emitiendo excusas vanas, la libertad se escurre y no es más un derecho convirtiéndose letra muerta firmada en los tratados.
    Es necesario hablar aunque se pretenda invisibilizar o silenciar el sufrimiento con estrategias armamentistas, discursos y tecnología oficial; en este momento, la angustia de un hogar en Ceuta es la misma angustia de cualquier comunidad latinoamericana sometida a la desprotección y al desamparo; por lo tanto, es necesaria la unión que se transformarse en un tejido vivo de solidaridad y exigencia ciudadana continua, es un deber moral, ético e irrenunciable para incidir en que lo ilegítimo se normalice legitimando la desidia, la negligencia de quienes tienen la obligación constitucional de proteger.
    Ceuta, como cualquier pueblo que reclama justicia y protección, pide, soluciones reales, recursos suficientes y el respeto por la dignidad de cada uno de los habitantes; las voz de muchos debe ser cada vez más alta y con firmeza sin que el derecho y la verdad se escondan y, para recordar a los gobernantes, que la calidad humana de una nación se mide no sólo en términos económicos sino en el bienestar y progreso de sus ciudadanos y no en la abundancia de sus discursos.

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    • Pellicer

      Querida Clara Patricia, gracias por una reflexión tan lúcida y comprometida, llegada desde esa Colombia querida que también conoce demasiado bien la distancia que puede abrirse entre el discurso del poder y la realidad que soportan los ciudadanos que, evidentemente, no es subjetiva. Has señalado algo esencial, Ceuta no es una excepción aislada, sino el rostro cercano de una forma de gobernar que se repite en demasiados lugares. Cambian las circunstancias, los nombres y las fronteras, pero permanece la misma indiferencia cuando el sufrimiento se reduce a estadísticas, se disfraza con propaganda o se niega mediante palabras pronunciadas desde la comodidad de un despacho.
      Coincido plenamente contigo, la paz deja de ser un derecho cuando no puede sentirse en el hogar, en la calle o en la vida cotidiana. Ningún discurso puede sustituir la seguridad, la dignidad ni la protección que los poderes públicos están obligados a garantizar. Por eso es necesario alzar la voz. No para alimentar el miedo, como algunos pretenden hacernos creer, sino para impedir que el abandono termine pareciendo normal. Tu mirada desde Colombia ensancha esta denuncia y nos recuerda que la solidaridad no entiende de océanos cuando el dolor y la desprotección comparten un mismo lenguaje.

      Gracias, querida amiga, por sumar tu palabra, tu conciencia y tu firmeza. Mientras algunos administran silencios, nosotros seguiremos defendiendo el derecho irrenunciable de todos los pueblos a vivir en paz.

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  2. Leonor Pellicer

    Comparto toda tu indignación.
    Mi aplauso por tan certero artículo.

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    • Pellicer

      Muchas gracias Leonor por tu cercanía desde la distancia que nos separa.
      Un abrazo fuerte.

      Responder
  3. jose cano fenoll

    VIVA CEUTA Y VIVA ESPAÑA AUN A PESAR DEL GOBIERNO

    ESTE PRESIDENTE ESTA BUSCANDO CREAR EL ESTADO DE ALARMA PARA NO CONVOCAR ELECCIONES

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    • Pellicer

      No es descartable esa opción, de hecho yo la llevo exponiendo desde hace unos meses. En la mente de un dictador caba todo, especialmente lo malo.
      Un abrazo

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