“En política, la mentira no es un accidente: es un instrumento de gobierno.” (Hannah Arendt)
A la perversión de mentir, de humillar y de ofender —vicios ya demasiado habituales en esta desgraciada clase política— debemos añadir la nueva y sutil disciplina del engaño por dilución, es decir, sembrar dudas, abrir sospechas, inventar fantasmas para que la incompetencia propia quede velada bajo una niebla fabricada a conciencia. Es un arte de los alquimistas de la irresponsabilidad, proyectar sobre los otros la culpa, mientras la realidad, terca y ardiente, consume hectáreas, hogares y vidas.
Los incendios han sido, una vez más, una despiadada prueba de fuego, y no solo para los bosques. Han quemado las últimas ilusiones de quienes aún confiaban en que, frente a la tragedia, un atisbo de dignidad brotaría de los despachos oficiales. Pero no, el humo no ha venido solo de los pinos calcinados, también de las ruedas de prensa, cargadas de excusas, balbuceos y esa retórica ideologizada de salón que pretende camuflar la pura inoperancia. Lo advirtió Hannah Arendt cuando dijo: “la mentira se convierte en un instrumento político cuando el poder necesita ocultar la realidad para sobrevivir.”
Resulta obsceno ver cómo, mientras los ciudadanos combaten con cubos de agua y toallas empapadas empujados del coraje lo que debería combatirse con medios, prevención y planes serios, la casta gobernante se dedica al pasatiempo favorito de su especie que no es otro que el de reparto de culpas. Y en esta tómbola macabra, todo vale: la sequía, la mala suerte, la “complejidad” de la situación, el cambio climático convertido en coartada de lujo, -ese paraguas retórico bajo el cual cabe todo y del que cuelga la etiqueta de “inevitable”-. Qué cómodo, frente a cada chispa, un sermón sobre el planeta; frente a cada negligencia, un discurso solemne sobre las fuerzas incontrolables de la naturaleza. El fuego real, mientras tanto, lo apagan los vecinos maltrechos, hasta que sus fuerzas se quiebran o la misma muerte los abraza.
Porque claro, ¿cómo exigir responsabilidades si el culpable es un ente abstracto, global y casi metafísico? que curiosamente no castiga igual al resto de nuestros vecinos europeos ¡Qué ocurrente cortina de humo ideológica! Señalar al cambio climático como si fuera un pirómano en la sombra mientras se ocultan décadas de recortes, de abandono forestal, de planes inexistentes y de protocolos que duermen el sueño burocrático en cajones polvorientos. Es la magia política de siempre. La tragedia se explica con discursos altisonantes, y los cadáveres se tapan con estadísticas y sonoros y vergonzantes golpes de pecho.
El sarcasmo se vuelve casi innecesario, porque ellos mismos se retratan. El político mediocre, en vez de reconocer su ceguera e incompetencia, opta por levantar un espejo deformado para que la sociedad se contemple en él y crea que la torpeza no es de arriba, sino de abajo; no de ellos, sino nuestra. Pero ese espejo, como todo cristal barato, acaba resquebrajándose con la evidencia de pueblos devastados, gente abandonada y la naturaleza de nuevo, herida.
Hay quien dirá que exigir responsabilidad en medio de la tragedia es inoportuno. Yo sostengo lo contrario, creo que es en la tragedia precisamente donde se mide la talla moral y política de quienes mandan. Y aquí, una vez más, lo que se revela es una indigencia ética tan densa y perversa como el humo que aún flota en el aire.
El clamor ciudadano no pide milagros, solo decencia y competencia. Que no se nos mienta, que no se nos culpe, que no se nos abandone… que nuestros elevadísimos impuestos sirvan para proteger y protegernos. Pero parece que eso es pedir demasiado a quienes han hecho de la ineptitud su bandera y de la mentira su refugio. El fuego se apagará, no lo dudo; pero lo que quedará una vez más será la certeza amarga de que los responsables -estos miserables- una vez más, no estuvieron donde debían, no estuvieron al lado de su pueblo.
Juan A. Pellicer
Sursum Corda (Arriba los corazones)

Politicos incompetentes a cargo de las instituciones que tienen que tomar decisiones tecnicas y que en su vida han dado golpe
Como esposible tanta indencencia e incompetencia, espero que tomemos buena nota para las proximas elecciones y mademos a su casa a estos sectarios aburguesados
Esperemos mi estimado José que sean muchos los ciudadanos que se atrevan a quitarse la venda. Un abrazo desde tu misma calle.