La deshonra de un pueblo, crónica de una humillación©

por | Feb 18, 2026 | 4 Comentarios

«Cuando la política pierde la moral, la deshonra es el único destino del pueblo.» (Edmund Burke)

Amanece en España con el peso de una nueva sospecha, una más en la cuenta corriente de un Gobierno que ha hecho de la anomalía democrática su triste y deplorable forma de gobernar. Quienes cumplimos con nuestros deberes ciudadanos, quienes pagamos puntualmente unos impuestos que cada vez ahogan más nuestra capacidad de vivir con dignidad, asistimos hoy a una realidad que hiere el sentido común, la del administrador que ha confundido su despacho con su propiedad. No escribo estas líneas desde un púlpito ni pretendo agitar masas —ni es mi deseo ni mi interés—, sino que lo hago desde la calle, como un ciudadano que observa con creciente alarma y profundo rechazo cómo la imagen de su país se arrastra por el fango mientras el responsable último sonríe con esa indolencia que solo concede la ausencia de escrúpulos.

Sin embargo, más allá del daño económico o del deterioro internacional que estamos proyectando —que también es grave, porque también lo pagaremos—, lo que verdaderamente desgarra el alma de una nación es el desprecio continuado hacia sus propios ciudadanos. Es una humillación diaria para millones de españoles que contemplan cómo quien ostenta el poder ha dejado de rendir cuentas, comportándose como si el mandato recibido fuera una forma de propiedad y no una responsabilidad temporal. La falta de respeto hacia nuestras instituciones y hacia nuestra propia inteligencia ha alcanzado un punto insoportable, convirtiendo la política en un ejercicio de soberbia donde la deshonra ha dejado de ser una excepción para convertirse en hábito. Resulta insoportable observar cómo este poder degradado se parapeta tras el victimismo mientras los tribunales cercan su entorno más inmediato, pretendiendo convencernos de que sus problemas son ataques a la democracia, y no lo son, son el resultado natural de haber confundido el servicio público con el interés privado, confirmando, como ya advirtió Platón hace siglos, que «la corrupción de quienes están llamados a ser ejemplo es siempre la más devastadora para una sociedad». Quizá nada describa mejor esta degradación que la expresión utilizada por quienes lo rodean para referirse a su líder, fíjense que no lo llaman servidor público, ni tampoco representante, lo llaman el “puto amo”, y en esa expresión, se encierra toda una concepción del poder, no como servicio, sino como dominio.

Nos están pidiendo que aceptemos lo inaceptable. Que asumamos que la mentira es una herramienta legítima, que el nepotismo es una coincidencia y que el desprecio al ciudadano forma parte del ejercicio del poder. Esta actitud no es solo una desviación política, es una herida directa en la conciencia de una sociedad que aún cree en la decencia. ¿Qué imagen queda de un pueblo que permite que su dignidad sea erosionada sin respuesta? Proyectamos la imagen de un país donde la ejemplaridad ha sido sustituida por la supervivencia personal, donde el poder ya no se ejerce con honor, sino con cálculo. Como ciudadano comprometido con la libertad, tengo la convicción de que no solo están erosionando nuestras instituciones, sino algo más profundo y más difícil de restaurar, la confianza moral de un pueblo en sí mismo.

El despertar de este letargo será amargo. Pero llegará. Y cuando llegue, la historia no solo recordará a quienes eligieron el fango, sino también a quienes, pudiendo verlo, prefirieron no incomodarse, mirando para otro lado o negando la evidencia.

Juan A. Pellicer

Sursum Corda (arriba los corazones)

4 Comentarios

  1. jose cano fenoll

    Cuando los políticos no respetan las instituciones del estado son unos verdaderos corruptos

    Cuando pierden la dignidad de persona ya no son nada ni nadie

    Por cierto mientras los que quieren ser regularizados en nuestro país no presenten el certificado de penales y policiales no pueden ser regularizados y así nos evitaremos falsedades y delincuentes

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    • Pellicer

      Mi querido amigo, así es como dices, estamos frente a los que de corrupción han construido su único mensaje y su única política.
      Un abrazo.
      Juan A. Pellicer

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  2. Isabel María Samper

    Ciertamente esa erosión moral del pueblo es inaceptablemente dolorosa…
    Suscribo cada una de tus palabras y a la vez me quedo sin ellas ante ésta situación que nis están haciendo vivir.
    Acabará, claro que acabará, como acaba todo aunque qué difícil nos lo están poniendo!.
    Estoy deseando vernos, ya parece que el Camino se está allanando y en breve os llamaré.
    Un abrazo

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    • Pellicer

      Alegría, mucha alegría saber de ti mi querida Isabel. Has sabido escoger las palabras adecuadas para describir esta situación: «inaceptablemente dolorosa», las cuales resultan imposible no suscribir.
      Ojala esos «caminos», se fundan y vuelvan a ser uno.
      Un abrazo fuerte.
      Juan A.

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