La obra de mi vida©

por | Abr 8, 2026 | 6 Comentarios

“El arte no reproduce lo visible, hace visible lo invisible.” (Paul Klee)

Hay momentos en los que uno siente la necesidad de detenerse sin apartarse, de hacer un leve gesto hacia dentro sin renunciar a todo lo que ocurre fuera, no como un descanso, sino como una forma de coherencia, porque después de tanto tiempo mirando la realidad con exigencia, señalando, cuestionando, intentando comprender lo que nos rodea, aparece una pregunta inevitable, que no es otra que si esa misma mirada es capaz de sostenerse cuando se vuelve hacia uno mismo. Porque estoy convencido de que no hay dos formas de exigencia, no puede haberlas, la que nos lleva a no aceptar lo injustificable fuera es la misma que nos obliga a no engañarnos dentro, y es ahí donde todo se estrecha, donde ya no hay discursos, ni posiciones, ni palabras bien colocadas, solo queda la verdad de lo que uno es capaz de hacer cuando nadie le observa.

He terminado una obra, y al decirlo, lo importante no es el resultado, sino el tiempo que ha sido necesario para llegar hasta él, porque no ha sido una cuestión de días, ni de impulso, han sido meses de reflexión, de detenerse, de volver atrás, de replantear decisiones, meses tratando de entender qué quería decir y, sobre todo y quizá más importante, cómo hacerlo sin deformar lo que sentía, porque no siempre basta con tener algo dentro, también hay que encontrar la forma justa de sacarlo. Además, no partía de un terreno conocido, era la primera vez que me enfrentaba a un proyecto de esta naturaleza, no había referencias propias, ni una forma aprendida que sirviera de apoyo, solo una intuición inicial y una voluntad muy firme de no resolverlo desde lo fácil, y eso, aunque no se vea, pesa, obliga a sostener la incertidumbre durante más tiempo del que uno quisiera, a avanzar sin garantías, a confiar incluso cuando no hay señales claras de estar en el camino correcto.

Crear desde ahí implica aceptar que muchas veces no se tiene el control, que el proceso no es lineal, que hay momentos de avance y otros de bloqueo, sin que eso suponga retroceso, que hay decisiones que solo se comprenden después, porque no se trata de imponer una idea, sino de acompañarla hasta que encuentra su forma, y eso exige paciencia, respeto y una atención que no siempre es cómoda. La obra, en sí, no busca explicarse, está construida desde capas, desde elementos que no pretenden destacarse por separado, sino integrarse hasta formar parte de un todo más silencioso, más profundo, hay en ella una intención clara de no exhibir, de no “narrar” desde la forma, de dejar que lo que contiene se intuya más que se diga, quizá porque hay cosas que, cuando se explican demasiado, corren el riesgo de perder su sentido.

En ese recorrido uno se enfrenta también a una tentación constante, la de facilitar, la de suavizar, la de acercarse a lo reconocible para asegurar la comprensión, y sin embargo, cada concesión deja un rastro, hasta que uno entiende que crear no consiste en ser entendido a toda costa, sino en ser fiel. Como dijo Henri Matisse, “un artista nunca debe ser prisionero de sí mismo, sino de su propia verdad”. Y es ahí donde todo se define, en esa frontera íntima donde uno decide si lo que está haciendo responde realmente a lo que lleva dentro o si, por el contrario, empieza a desviarse hacia lo cómodo, hacia lo aceptable, hacia lo que no incomoda a nadie pero tampoco sostiene nada.

Hoy, al contemplar lo terminado, no siento una euforia especial, siento algo más tranquilo, más firme, la certeza de haber sostenido el proceso hasta el final sin desviarme en lo esencial, de haber sacado fuera, con todas las limitaciones que uno siempre arrastra, algo que llevaba tiempo pidiendo forma. Quizá por eso necesitaba escribir estas líneas, porque junto a la palabra que analiza lo que ocurre fuera, también existe esta otra forma de compromiso, más silenciosa, más expuesta, pero no menos exigente, una forma que no busca convencer, sino responderse. Más adelante, tal vez, esta obra encuentre su lugar compartido, no como objeto de admiración, sino como testimonio, como una forma de decir, sin palabras añadidas, que el esfuerzo sostenido, la confianza en lo que uno hace y la decisión de no ceder en lo esencial siguen siendo, todavía, una manera de romper ciertas cadenas. Y en ese lugar aparece algo que no siempre se nombra, pero que se reconoce con claridad, una gratitud sobria, sin ruido, nacida no del resultado, sino de haber llegado hasta el final sin haberse traicionado.

Juan A. Pellicer

Sursum Corda (Arriba los corazones)

 

6 Comentarios

  1. Chema Muñoz

    ¿ Que decir ante un texto profundo y lúcido como este. Siendo, en esencia, un manifiesto sobre la integridad creativa y la ética del artista. No es solo un comentario sobre «terminar un cuadro», sino sobre la madurez de alguien que entiende que el arte es un espejo donde no caben las mentiras, donde cada pincelada desnuda el alma de su autor. y nos evoca al sacrificio de espacio y tiempo para la obtencion de la belleza personal y evolutiva de aquel que bisca la esencia del alma en un lienzo, sin la verguenza posterior de criticas o envidias , de almas mas opacas que las que emite el pincel de los dioses.

    La coherencia ética, espejo valido de ideas que exigen la busqueda de una exigencia interna e implacable del principar enemigo del artista «Él mismo»

    «Me resulta fascinante cómo puede vincularse la mirada crítica hacia el mundo con la mirada hacia uno mismo.

    A menudo olvidamos que no se puede exigir justicia o verdad fuera, si no somos capaces de sostener esa misma severidad al mirar nuestra propia sombra.
    Yo lo sé, núnca estoy de acuerdo con mi última mirada hacia mi partitura.

    Este texto, tu texto, me recuerda que la obra terminada es en realidad, el residuo sólido de una batalla interna contra la autocomplacencia. Gracias por reivindicar ese «hacer cuando nadie mira» como la verdadera medida del artista, pues centrar el proceso de creación, y jugar con ese valor, «tiempo» nos lleva siempre a una incertidumbre enfrentada a lo desconocido cuando buscamos simpre el «Más difícil todavía»

    «Es muy valiente tu confesión sobre la incertidumbre de trabajar sin referentes previos.

    En un mundo que nos empuja a la producción rápida y al resultado inmediato, tu reflexión sobre el ‘tiempo necesario’ y la renuncia a ‘lo fácil’ es un acto de resistencia.

    Me quedo con esa idea de que «Crear no es imponer una idea, sino acompañarla»
    Pero no sabria escoger a ciencia cierta entre esa trabajada bata , y esa chaqueta que conocemos en la amistad compartida a través del arte en toda su amplitud

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    • Pellicer

      Muchas gracias Chema por tu sincera reflexión y tu reconocimiento particular por esa apuesta por el más dificil todavía que supone en ir rompiendo nuestras íntimas barreras. Un abrazo fuerte.

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  2. Isabel María

    Que hermosa la gratitud sin sonido…y que hermoso texto ha salido de esa honestidad, de esa mirada hacia dentro, incomoda a veces, aunque tan necesaria para quienes necesitan elegir el Camino de la Honestidad.
    Enhorabuena amigo mío, un placer leerte y contar contigo y tus reflexiones en mi vida.

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    • Pellicer

      Muchas gracias Isabel María, también es mío el placer de poder compartir tan maravillosas e inolvidables tertulias donde lo divino y lo humano parecen hacerse uno para nosotros. Un abrazo fuerte.

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  3. Clara Patricia Cano C

    Me parece una reflexión muy honesta y transparente, coincido que debemos alejarnos de la búsqueda de resultados inmediatos para centrarnos en lo interno y así evitar el autoengaño. Respecto a la creación, viene a mi mente el trabajo del alfarero, quien toma el barro y empieza a moldear, sin embargo, una pequeña piedrecita o un movimiento de la mano desconcentrado puede echar a perder la pieza, pero esto no es obstáculo para el creador quien conoce el material a la perfección, como dice el escrito: “Construida desde capas”, así es, poco a poco se gesta la creación; el éxito del creador es poder plasmar lo que en su imaginario concibió y con alegría plasma su verdad sintiéndose cómodo; para él, la obra se termina cuando él diga no cuando los demás opinen así crean que le falta algo.
    Entiendo esa gratitud profunda de haberse aventado al proceso sin traicionarse, la creación es el fruto de las victorias privadas, la fuerza y la libertad individual.
    Me gusta las metáforas empleadas que invitan a la introspección, a la verdad sin tapujos, a atreverse a lo nuevo sin ufanarse de la experiencia y, estas: Sostener la incertidumbre como una forma de vida de responder a ella con calma; Romper ciertas cadenas, es decir, liberarse de las influencias permanentes y fuertes del acontecer diario, ahí, se es diferente y, la mayoría de las veces incomprendido.
    Lo mejor es disfrutar del proceso, escribir para sanar, para reencontrarnos y, con ello, descubrir nuevas verdades o recordar las que ya habíamos olvidado, por lo tanto, como concluye el escrito, el arte es la prolongación de la vida del autor un espejo donde puede reflejarse quién es.
    Gracias Juan Antonio por compartir tu reflexión la que invita a mirarnos muy adentro y, además, inspiran pensamientos convertidos en palabras. Un abrazo.

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    • Pellicer

      Muchas gracias mi estimada Clara Patricia por tu atinada reflexión llena y rica de vida. Subrayo especialmente esta frase: «la creación es el fruto de las victorias privadas, la fuerza y la libertad individual…», la cual, como en su día expresé, es un canto a la libertad interior a la negación de la autocensura. Un abrazo fuerte desde el Mar Menor de España.

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