Liturgia para una «Hortensia»©

por | Ago 13, 2025 | 4 Comentarios

Hay placeres tan sencillos que solo las almas complejas saben disfrutarlos. (Paul Valéry)

No se me ocurre mayor acto de decencia estival que sentarse al caer la tarde, en la paz de mi porche, con el Mar Menor de España bostezando a pocos metros, y levantar una copa de balón de cristal frío y con mucho hielo donde flotan, casi levitan, unas rodajas de limón -muchas- y ese líquido transparente que no lo es tanto, la tónica. Así y con cierto secreto mimo, nació mi querida, respetada y bautizada “Hortensia”.

Sí, amigos, hablo del clásico gintonic. Pero no de ese que se sirve en vasos impuros con tónica de saldo y hielos de microondas. Hablo de la «Hortensia» -de mi Hortensia– con nombre propio y carácter altivo, que requiere su tiempo, su espacio y su compañía.

Porque una «Hortensia» no se bebe, se celebra. Y esa ceremonia, como todas las que merecen respeto, exige un protocolo de limpieza, una liturgia de hermandad. Empezando por los cubitos de hielo —abundantes y sin olores sospechosos, sin contaminaciones del congelador compartido y con mucho limón— y terminando por la conversación.

En mi porche, durante estos días tan sagrados como calurosos de agosto, se habla con pausa. Se evocan libros, se repasan recuerdos, se ríe con elegancia, y se discrepa sin alzar la voz. Los mirlos y canarios se suman sin pedir permiso y el mar, desde su salobre sabiduría, asiente en cada ola imaginada. Porque “El arte de vivir es el arte de saber con quién no sentarse jamás a la mesa” ya lo dijo Gabriel Marcel, y yo no puedo estar más de acuerdo.

Pero lo diré claro, no cabe en esa tertulia ningún político casposo hijo de esta casta corrupta, miserable y vividora. Ninguno. Ni en traje ni en bañador. Ni los de verbo pomposo ni los de insulto barriobajero y sinvergonzón. Tampoco los que mienten con sonrisa fingida ni los que ofenden por real decreto. Todos estos y todas estas -que haberlas haylas- no están invitados. Ni ahora ni quizá nunca. Y no lo son ni lo serán porque una «Hortensia» no tolera la podredumbre ni la miseria moral. No admite corruptelas en su receta ni traiciones en su burbujeo. Una «Hortensia» como dios manda, no se mezcla con manos sucias ni se brinda con lenguas traidores ni desleales.

Hay quienes creen que el gintonic es una moda, una frivolidad con rodaja. Es posible, pero una Hortensia, bien hecha y bien servida, es toda una declaración de principios -quién la probó lo sabe-. Es la patria del paladar honesto. El último bastión de la conversación libre. Y como tal, debe ser defendida de las plagas, incluidas las bipolares, narcisistas y mentirosas que merodean los escaños.

Así que si algún día les invito a mi porche y ven que el hielo suena a promesa limpia, que la copa de balón brilla como recién llegada al mundo, y que el limón -mucho limón- huele a verdad… siéntanse bienvenidos. Es señal de que aún queda esperanza, al menos en esta orilla del Mar Menor de España.

Y mientras tanto, levanto mi copa —transparente como mis ideas— y brindo por ustedes, por nosotros y por España, por la belleza, por el humor fino… y por todas las «Hortensias» del mundo que aún no se han dejado marchitar.

Juan A. Pellicer

Sursum Corda (Arriba los corazones)

4 Comentarios

  1. JOSE CANO FENOLL

    Felicidades Juan Antonio una vez mas lo as bordado, para tomarse una Hortensia de verdad hay que invitar a personas de verdad, no a estos personajes que estan en el poder solamente en su beneficio viva LA HORTENSIA

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    • Pellicer

      Asi es como dices, «mucho mar y pocos amigos». Un abrazo fuerte.

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  2. Leonor

    Sencillamente GENIAL!
    Y no por ello menos cierto.
    Brindamos contigo, desde otro rincón de nuestro mar Mediterráneo, por lo mismo que tu. Alzamos también nuestras copas de balón, que un día nos regalaste, con el contenido de la preciada
    《Hortensia》que nos enseñaste a preparar. Que si bien no es la misma, se le parece. Por ti, por nosotros, por España y por la belleza que siempre encierran tus escritos.

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    • Pellicer

      Es bueno compartir los momentos y todo lo que ellos nos regalan. Un abrazo fuerte brindado por tu brindis.

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