«La ley nunca hizo a los hombres un ápice más justos.»
(Henry David Thoreau)
Hoy, 2 de septiembre, Ceuta celebra el día de su ciudad. Debería hacerlo mirando al mar con la serenidad de quien se sabe acompañada por toda España. Sin embargo, lo hace herida, exhausta y obligada todavía a preguntar dónde estaba el Estado cuando su frontera dejó de ser frontera y decenas de miles de personas fueron utilizadas para invadir el territorio español.
El Gobierno sostuvo que nada sabía. El presidente dijo que no existían informaciones que permitieran anticipar lo ocurrido. El ministro del Interior insistió en que ningún servicio de inteligencia había advertido de una entrada masiva. Ahora sabemos que la Policía Nacional elaboró el 29 de julio, un día antes del asalto, un informe que calificaba de alto el riesgo de llegadas a nado. Conocemos también otros documentos que apuntan a una operación organizada y a la intervención de gendarmes marroquíes en la conducción del flujo humano hacia Ceuta. Por tanto, no faltó información; lo que faltó fue voluntad de atenderla, y, después, algo tan elemental como la decencia de reconocerlo. Mientras una ciudad de apenas ochenta mil habitantes trataba de soportar el impacto de una invasión que algunas fuentes estiman en 80.000 personas, el presidente terminó marchándose de vacaciones a «su Mareta», y lo hizo como si Ceuta fuese una simple noticia incómoda y veraniega que pudiera dejarse sobre la mesa hasta septiembre. Él lo sabía desde antes incluso de que ocurriera, según los datos aparecidos. Por eso no era una simple noticia, sino la realidad de una ciudad española desbordada, asediada, invadida, con sus servicios al límite, sus calles alteradas y sus ciudadanos reclamando protección.
No fue, como se intenta «vender», una crisis migratoria. Fue una violación de nuestra frontera y el empleo de seres humanos como instrumento de presión contra España. Negarlo no convierte los hechos en menos graves, solo convierte a quien los niega en menos digno de la responsabilidad que ejerce. Pero hay otro silencio que merece ser señalado, como es el de tantos militantes y cargos socialistas que han aceptado la versión oficial sin hacerse una sola pregunta. El de quienes, ante la convocatoria de concentraciones de apoyo a Ceuta, han preferido obedecer la consigna del partido, incluso algunos buscando pretextos administrativos para no acudir, como si la solidaridad con una ciudad española necesitara autorización orgánica. Evidentemente, no todos lo han hecho, algunos alcaldes socialistas —dicen que cuarenta en estos momentos, a escasas horas de la convocatoria— han decidido estar junto a sus vecinos y desobedecer las consignas de su partido. Ese gesto demuestra que es posible escoger entre la conciencia y la obediencia, y que quienes callaron no lo hicieron porque carecieran de alternativa, sino porque han preferido elegir la miserable, vil y desleal sumisión. Porque hoy no se les pide que cambien de partido, ni siquiera que condenen a su Gobierno —aunque tampoco estaría fuera de lugar que sí lo hicieran—. Lo que se les pide es algo mucho más sencillo: acompañar a Ceuta, estar, dar la cara, ser solidarios, ser patriotas —porque ser patriota es defender a tu país cuando está siendo invadido— y recordar que, antes que militantes, son ciudadanos y que ninguna sigla debe exigirles cerrar los ojos ante el abandono de una parte de España.
Un Gobierno puede equivocarse. Lo intolerable comienza cuando oculta lo que sabía, niega lo ocurrido y exige a los suyos que conviertan la obediencia en coartada, por ello Ceuta recordará quién estuvo a su lado y, por supuesto, también recordará a quienes, cuando pidió ayuda, miraron miserable y disciplinadamente hacia otro lugar.
Juan A. Pellicer
Sursum Corda (Arriba los corazones)
02 Septiembre 26


HOY TOCA ESTAR CON CEUTA MAÑANA PEDIREMOS LA DIMISIÓN DEL GOBIERNO EN BLOQUE
VIVA CEUTA Y LOS CABALLAS
Muchas gracias José por hacerte eco de estas letras, pero sería bueno creernos que ambas cosas son compatibles, de hecho solidarizándonos con nuestros compatriotas los ceuties, estamos desvelando la calidad moral y política del responsable, no del culpable, pero si del responsable por acción u omisión.
Saludos
Magistral y certero comentario sobre el tema del día de hoy en Ceuta, Comparto totalmente tu opinión.
Muchas gracias Leonor por hacerte eco de estas letras que llevan en su alma el canto del NO OLVIDO.
Un beso
Juan A.