Miradas clavadas en el dolor,
perdidas en la inmensidad del amor,
miradas llenas de pena y tristeza,
que me llegan, que me hablan… que me besan.
Miradas huérfanas de todo,
como la vida callada del celante,
ausentes de la vida, presentes en la muerte;
miradas errantes, distintas, distantes;
miradas sin calma ni consuelo,
ante este hijo tuyo que yace inerte,
en tu regazo que lo fue de vida,
y ahora, también de muerte.
Esta mirada mía, que busca respuesta en la tuya,
este silencio que me envuelve,
este mundo que se inventa,
esta paz que me llega y me sorprende,
esa mirada tuya, que se vuelve,
que me acoge y me alimenta.
©Jpellicer
miradas perdidas©

Gracias, gracias. Hermoso.
A mí parecer los versos son sentidos y mueve las fibras del alma. El dolor profundo y la paz que nace del amor comprometido.
De ahí surge la comunión, en el silencio del duelo, porque la victoria sobre la muerte se sobrepuso.
Para mí, la metáfora del regazo, es un símbolo de un principio y fin sagrado, desde lo maternal e importante.
Es el lugar donde llega el origen y la despedida; alberga el inicio de la existencia y el final de la partida.
A través de la mirada se capta el lenguaje de los ojos, estos son un transporte que revela lo que no se percibe por el tacto, es decir, un estado de paz y libertad que nace aún en la tragedia.
Muchas gracias Clara Patricia por hacerte eco de estos versos que hablan desde el dolor clavando la mirada en la esperanza. Un abrazo fuerte.