“La libertad no es nada más que la oportunidad de ser mejor.” (Albert Camus)
Hijo mío, es bueno que comiences a entender esto ahora, y que lo hagas antes de que el mundo te confunda con sus disfraces. Hay una clase de gente que vive del poder. No crea, no construye, no arriesga… Solo se alimenta del miedo ajeno y de la obediencia ciega. Se hacen llamar representantes, servidores, defensores del pueblo. Pero no son más que una estirpe parasitaria, experta en manipular, mentir y perpetuarse. A esa casta no le debes nada.
No importa el color del partido, el logo, la bandera o el discurso. Su oficio es mantenerte dócil. Te venderán seguridad, justicia, igualdad, progreso… pero lo que persiguen es control y sumisión. Necesitan que te sientas pequeño, confundido, dependiente. Que llegues a creer que sin ellos no puedes. Y ahí comienza la trampa.
Tu misión no es encajar. Tu misión no es obedecer. Tu misión es ser libre. La libertad no es un derecho que se concede, es una conquista diaria que se gana con actos, decisiones y coraje. Porque la libertad que es hija de la dignidad, no se negocia. No se delega. No se vota. Se vive y se siente, porque como escribió Orwell, la libertad es el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír.”
Nunca esperes nada de esa gente. No pongas tu futuro en manos de burócratas que disfrazan su ambición de servicio. Si deseas una vida grande, habrás de forjarla con tus manos: con honestidad brutal, con ideas propias, con la espalda recta. No te confundas, muchos de los que llegan al poder no están allí para ayudarte, sino para usarte. Los verás hablar de justicia mientras se enriquecen, de igualdad mientras pisotean, de democracia mientras censuran y limitan.
Y te lo dirán todo con una sonrisa ensayada, con palabras suaves, con gestos de salvadores. Aprenden a fingir delante de los espejos hasta que su mentira parece verdad. Aprende tú a reconocer el perfume del engaño tras el carisma, a desconfiar de quien te promete todo sin pedirte esfuerzo. Recuerda siempre una de mis frases favoritas, la que tanto te hacía reír: “no me gustan los limones dulces”. Porque la libertad nunca es cómoda, es incómoda, exige. Pero es lo único que vale la pena defender. Incluso solo. Incluso contra todos.
Si alguna vez has de elegir entre tu comodidad y tu dignidad, elige siempre tu dignidad, porque quien la entrega ya no conserva nada que merezca llamarse vida.
Así que no, hijo mío, no te arrodilles nunca. No trabajes para ellos. No los temas. Y sobre todo, no los imites.
Tú no naciste para servir. Naciste para ser libre. Eres libre y esa será siempre tu verdadera herencia.
Juan A. Pellicer
Sursum Corda (Arriba los corazones)

Totalmente de acuerdo. Me encantó el escrito por su fuerza, verdad y por ser contundente.
Un escrito que hace un llamado a la conciencia crítica y a la acción individual para defender la libertad y la dignidad
Muchas gracias Clara Patricia. Celebro esa afinidad en la conciencia crítica. Un abrazo desde el Mar Menor de España.