Prioridad andaluza, prioridad española©

por | May 21, 2026 | 2 Comentarios

“El patriotismo verdadero es el amor a lo propio sin odiar lo ajeno”

(Antoine de Saint-Exupéry)

 

Hay algo profundamente revelador en el debate entre “Prioridad Nacional” y “Prioridad Andaluza”, a primera vista parecen competir, como si defender una implicara relegar la otra. Sin embargo, esa oposición es más aparente que real. Andalucía y la nación no son territorios enemigos, sino dimensiones complementarias de una misma convivencia democrática, mientras que en otras regiones, como Cataluña y su corriente independentista, se observa la dificultad de compartir plenamente ese marco común, con las tensiones, la polarización y la desafección que ello genera en la vida política y social, porque España no existe al margen de sus regiones, del mismo modo que Andalucía, ni ninguna otra Comunidad, puede comprenderse fuera de la realidad nacional que comparte con el resto del país. La nación es una suma de identidades históricas, culturales y sociales que conviven bajo un proyecto común, y Andalucía, con su memoria, su cultura, su economía y su peso humano, no es un cuerpo extraño dentro de España, sino una de sus expresiones más poderosas y decisivas, como, en este sentido, dijo José Ortega y Gasset, “La patria es de todos y de cada uno a la vez”.

De un tiempo a esta parte y por obra y gracia de las políticas cortoplacistas de los últimos gobiernos, la acción política ha caído con frecuencia en la tentación de convertir las identidades en enfrentamientos, presentando lo nacional y lo andaluz como sensibilidades contrapuestas, cuando en realidad una fortalece a la otra. Una Andalucía fuerte hace más fuerte a España y una España cohesionada ofrece más estabilidad y oportunidades a Andalucía, pero quizá exista una herramienta aún más necesaria que los propios lemas, cual es el sentido común. En tiempos donde la política parece vivir atrapada en la exageración permanente, el sentido común se ha convertido casi en un acto de resistencia democrática, porque el ciudadano corriente entiende algo que el discurso partidista olvida, y esto no es otra cosa que comprender que los problemas reales no se resuelven enfrentando identidades, sino cooperando. El sentido común permite comprender que no hay contradicción alguna entre sentirse profundamente andaluz y profundamente español. Del mismo modo que una familia no funciona cuando sus miembros compiten por imponer su importancia, un país tampoco se fortalece cuando sus territorios se convierten en rivales y enfrentados, porque la estabilidad nace del equilibrio, no de la confrontación y menos simbólica. También desde una perspectiva humanista, el dilema resulta todavía más artificial, porque el ciudadano andaluz -como el resto- siente simultáneamente varias pertenencias: ama su tierra, sus costumbres, su acento, su memoria colectiva, pero también participa de una realidad nacional más amplia que garantiza derechos, infraestructuras, economía común e instituciones compartidas. No existe contradicción natural entre ambas lealtades, el conflicto aparece únicamente cuando la política convierte la identidad en instrumento electoral. Andalucía representa una de las grandes reservas culturales y humanas de España, desde el legado andalusí hasta Lorca, desde el flamenco hasta la literatura universal, su historia ha contribuido decisivamente a construir la identidad española, por tanto, defender Andalucía no es fragmentar la nación, antes al contrario, preservar una parte esencial de ella.

Filosóficamente, el ser humano necesita raíces cercanas y horizontes amplios, la tierra concreta da identidad y la comunidad política mayor proporciona estabilidad y proyección. Cuando ambos niveles cooperan, la sociedad se fortalece; cuando se enfrentan artificial e intencionadamente, solo aparece polarización, confrontación y desgaste colectivo. El sentido común no es resignación ni tibieza, sino reconocer lo evidente, que el bienestar depende más de la cooperación que de la batalla permanente de eslóganes. Ningún partido puede apropiarse de Andalucía ni de España; las regiones no son banderas electorales, son comunidades humanas complejas, llenas de diversidad y matices siendo por ello que los grandes problemas —desempleo juvenil, despoblación rural, acceso a la vivienda, corrupción, precariedad laboral, judicial y sanitaria, inseguridad o transformación tecnológica— exigen coordinación inteligente y leal entre instituciones locales, autonómicas y nacionales, porque el progreso no nace del enfrentamiento simbólico entre identidades.

“Prioridad Andalucía” solo tiene sentido si mejora la vida de los andaluces, y “Prioridad Nacional” solo adquiere legitimidad si integra y fortalece a territorios como Andalucía, porque ambas convergen en un objetivo común cual es el del bienestar de las personas y la consolidación del estado de derecho y la democracia, por tanto va siendo hora de abandonar la política de lemas enfrentados y recuperar una visión madura de la convivencia, porque las sociedades sólidas no se construyen obligando al ciudadano a elegir entre su región y su país, sino permitiéndole amar ambas cosas sin sentirse sospechoso por ello, porque Andalucía no debilita a España al prosperar, ni España amenaza a Andalucía al integrar; se sostienen y complementan mutuamente, y quizá sea precisamente el sentido común —tan olvidado como necesario— el puente más firme para un futuro de estabilidad, convivencia y equilibrio social y democrático.

Políticos, poneos a trabajar. Las urnas han sido claritas una vez más.

Juan A. Pellicer
Sursum Corda (Arriba los corazones)

 

2 Comentarios

  1. jose cano fenoll

    EL SENTIDO COMÚN QUE ES TAN NECESARIO PARA TODAS LAS COSAS DE LA VIDA ES PARA LOS POLÍTICOS ACTUALES ALGO QUE IGNORAN Y NO LO VALORAN, ESTOY DE ACUERDO CONTIGO LAS URNAS HAN HABLADO PONGANSE A TRABAJAR Y DÉJENSE DE LIOS Y DE MALOS ROLLOS, QUE NO CONDUCEN A NADA POSITIVO

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    • Pellicer

      Asi es como dices. El sentido comun tan necesario para la vida y tan ignorado por esta clase política. Un abrazo

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