Será trágico que nos acostumbremos a la decadencia©

por | Oct 7, 2026 | 0 Comentarios

Escucha este artículo en la voz del autor

«No hay tiranía más cruel que la que se ejerce a la sombra de las leyes y con apariencias de justicia.» (Montesquieu)

Hay una forma de decadencia especialmente peligrosa que no es otra que aquella que consigue pasar inadvertida, no porque no suceda nada, sino porque sucede demasiado y demasiado deprisa. Un escándalo tapa al anterior, una mentira encuentra una explicación conveniente, una promesa incumplida se reviste de nuevas circunstancias y una anomalía apenas nos concede tiempo para comprenderla antes de que otra ocupe su lugar. Así es como una sociedad termina acostumbrándose. Y ese es, después de ocho años de Gobierno, uno de los peligros que más me preocupan: que aquello que un día nos habría parecido intolerable termine formando parte del paisaje.

No necesito afirmar que España haya dejado de ser una democracia normal para denunciar su deterioro político e institucional. Precisamente porque seguimos viviendo en una democracia debemos exigir responsabilidad, ejemplaridad y respeto a las instituciones. Sin embargo, los hechos están ahí. Hemos pasado de las sospechas a las sentencias, mientras otros procedimientos continúan abiertos. Pero quizá resulte todavía más reveladora una determinada concepción del poder: rectificar parece una derrota; asumir responsabilidades, una debilidad; resistir, en cambio, se ha convertido en virtud. Resistir hasta que pase, hasta que aparezca otro escándalo o hasta que el cansancio haga aquello que ya no puede hacer una explicación convincente.

La actualidad acaba de ofrecernos un ejemplo difícil de ignorar. El Congreso rechazó el pasado viernes dos decretos del Gobierno sobre vivienda. Pedro Sánchez anunció después la disolución de las Cortes y convocó elecciones generales para el 29 de noviembre. Apenas cuatro días después de aquella derrota parlamentaria, el Consejo de Ministros ha vuelto a aprobar dos decretos que, según palabras del propio presidente, mantienen «la esencia» de los rechazados, para someterlos ahora a la Diputación Permanente. Legalidad y legitimidad política no son siempre la misma cosa. Si una mayoría del Congreso -que a nadie se le olvide, es donde reside la soberanía nacional- acaba de rechazar unas medidas, resulta cuando menos inquietante que la respuesta sea buscar, con las Cortes ya disueltas, otra vía parlamentaria para sacar adelante sustancialmente aquello que esa mayoría acaba de negar.

Y así comienza la campaña. Llegarán anuncios, promesas, explicaciones, culpables, enemigos y relatos cuidadosa y arteramente construidos. Después de ocho años, sin embargo, los ciudadanos disponemos de algo bastante más valioso que cualquier eslogan electoral: memoria. No deberíamos permitir que cincuenta y cuatro días de campaña borren ocho años de hechos consumados, porque el deterioro político no comienza solamente cuando alguien cruza una línea, sino también cuando consigue que dejemos de recordar cuántas líneas fueron cruzadas anteriormente.

La decadencia rara vez derriba la puerta. Primero contemplamos una anomalía, después llega otra, más tarde una tercera consigue que olvidemos las anteriores y finalmente dejamos de preguntarnos cómo hemos podido llegar hasta aquí. Ese será el verdadero fracaso, que contemplemos la degradación del lenguaje político, la desaparición de responsabilidades, el deterioro institucional y la utilización del poder como un ejercicio permanente de supervivencia y terminemos pronunciando, resignados, la peor de las absoluciones: «Esto es la política». Y yo digo, no. Esto no es ni debe ser la política, en todo caso es una manera tan perversa como miserable y destructiva de hacer política. Y será trágico, por tanto, para España y para nosotros que terminemos acostumbrándonos a ella.

Juan A. Pellicer

Octubre 26

Sursum Corda (Arriba los corazones)

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Pin It on Pinterest

Ir al contenido