Silencio, ese gesto subversivo©

por | Jul 16, 2025 | 2 Comentarios

“El silencio es el poder de los fuertes.” (Henry David Thoreau)

En un mundo donde gritar lo evidente ya no basta, propongo callar.
Sí, callar. Pero no con la cabeza gacha ni con resignación de vencidos. Callar con los ojos abiertos, con la conciencia encendida, con la dignidad plantada como un roble en mitad del vendaval. Callar como quien afila en secreto su voz para cuando toque volver a hablar.

Nos quieren ruidosos, distraídos, saturados de opinión prefabricada y sobresaltos innecesarios. Nos han convertido en una multitud de bocas abiertas y oídos clausurados. Opinamos de todo, sentimos casi nada. Vociferamos mientras otros —los de siempre— ejecutan su sinfonía de abusos, decretos y traiciones a espaldas de nuestra estridencia. Y en ese barullo consentido, la verdad ha perdido su sitio.

Por eso yo propongo el silencio. Pero no el silencio de los templos huecos ni de las instituciones domesticadas. No el silencio del miedo ni de la indiferencia. Propongo el silencio fértil, el que nos devuelve la lucidez que perdimos entre tanta consigna. El silencio como resistencia, como desobediencia, como fuerza interior. El silencio que nos permite volver a pensar con voz propia, sin lemas, consignas ni voceros que nos dicten el camino. Porque, al final, gran parte de la desgracia humana viene de ahí, de no saber permanecer quietos, a solas, en una habitación, como ya advirtió Pascal con esa claridad que atraviesa los siglos. Nos incomoda el recogimiento, nos aterra escucharnos sin ruido de fondo. Tememos que, si callamos, aparezca lo que realmente somos. Y por eso gritamos. Por eso consumimos, opinamos y obedecemos. Todo, menos pensar.

Tomarnos tiempo para el silencio y la reflexión para recordar quiénes somos y qué no vamos a permitir. Silencio y reflexión para reencontrarnos con nuestra voz, esa que no grita pero deja huella, la que no traiciona ni se vende. Silencio y reflexión para reconocer en qué momento nos rendimos y decidir que hasta aquí. Que ya está bien.

Porque cada espacio que ganemos al ruido es una trinchera más en la batalla por la integridad. Y no hay mayor insumisión que no ceder el alma al festín de los corruptos y los traidores. En tiempos donde hablar es repetir lo políticamente correcto o arrodillarse ante el progresismo bobo o la derecha domesticada, callar puede ser el acto más revolucionario.

El silencio también es dignidad. Y hay que tenerla muy viva para no gritar con ellos ni contra ellos, sino para que escuche el que todavía piensa. Es en el silencio donde nace el coraje que no necesita aplausos, ni el foco de la cámara, ni la falsa legitimidad de las encuestas manipuladas. El silencio no es apatía, es madurez. Es el lugar donde uno se encuentra sin máscaras, sin miedo y sin permiso.

Que nadie se engañe, los lobos no temen nuestras pancartas, temen nuestro pensamiento sereno. Temen al ciudadano que, en silencio, ha entendido que ya no será cómplice. Que su conciencia no cotiza en los mercados, ni se alquila en los discursos de salón.

Así que sí, propongo el silencio. Pero no como pausa. Como preparación. Como el instante exacto en que el alma respira, se alza… y recuerda que sigue viva.

Juan A. Pellicer

Sursum Corda (Arriba los corazones)

 

2 Comentarios

  1. Jose Cano Fenoll

    Silencio y reflexion, dos palabras a tener muy en cuenta, estoy de acuerdo contigo necesitamos pensar y reflexionar mas, para despues actuar y ejecutar con nuestro voto y decir basta ya de tantos corruptos, sinverguenzas y manipuladores

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    • Pellicer

      Muchas gracias Jose por tu comentario con el cual coincido plenamente. Un abrazo.

      Responder

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