En la encrucijada de la dicha,
espacio de lindes estrechos,
ilusiones detenidas,
sueños truncados
por negros desvelos
que insisten en volver,
nos hallamos perdidos,
asidos a la duda perpetua
de la incertidumbre.
En ese vergel indeciso
de risas constreñidas
y tristezas veladas,
la mirada se aferra a respuestas
en la luz de los días,
y allá…
en la hondura
de la noche.
Pasan los momentos
inventando mundos,
implorando sosiegos lejanos,
sintiendo el ahora
en cualquier nubarrón,
deshecho en desdicha
en mitad de un abrazo.
©Jpellicer
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