Despierta el Mar Menor su luz temprana
susurrando cada ola sus antiguos secretos,
arrastrando memorias el viento
que ya nadie busca ni reclama,
y yo, solitario,
sumido en emoción
y dejándome llevar,
contemplo su mágico reflejo.
Pastores invisibles recorren sus aguas
Vivas, claras…
como jugando,
y en sus silencios escucho mis deseos
sintiendo la fugacidad del instante perfecto,
pues cada rayo se escapa y nunca regresa.
La espuma guarda en su memoria
oda a la vida de lo perdido,
y mi corazón se inclina
ante su oscura calma
y su infinito olvido.
Todo el cielo,
espejo de luz que suspira,
y yo permanezco, suspirando con él,
ausente y atento,
y con emoción sobrecogida…
miro,
sueño
y vivo.
©Jpellicer
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Es hermoso apreciar la naturaleza cuando nos apartamos intencionalmente para percibir su magia y trascendencia de esta; este es el escenario perfecto para tu diálogo entre la soledad buscada y la conexión emocional con el entorno. Esto me habla sobre la fugacidad del tiempo; de ahí la importancia de ‘mirar, soñar y vivir’ cada cosa a su momento; al valorar el hoy —porque el después no vuelve—, se acepta la invitación de contemplar la naturaleza y su belleza siempre cambiante. En esa contemplación, viajamos al interior para vernos a nosotros mismos, instaurando un diálogo reflexivo, viviendo el presente y actuando en el día a día. Así lo percibo: un camino que nos permite hallar la calma y esa paz profunda a la que te refieres como un ‘infinito olvido’.
Clara Patricia, muchas gracias por tus palabras. Me emociona profundamente cómo has captado la intención de mi poema y la manera en que describes ese diálogo entre la soledad y la naturaleza. Tus reflexiones sobre el presente y la fugacidad del tiempo lo enriquecen, y me alegra que hayas sentido esa calma y paz que intento compartir. Aprecio y valoro mucho tu mirada tan cercana y sensible desde Colombia.